Archive for febrero, 2017

Los gallitos al corral

sábado, febrero 25th, 2017

Hace ya unas décadas la autoridad en las aulas, por regla general, la ejercían los profesores, a los que por supuesto se les trataba de usted. Estoy hablando de una clase teñida en la memoria en blanco y negro, de uniformes y de una disciplina un tanto cuartelaría donde a veces saltaba una tiza como un bólido (la verdad es que puntería, lo que se dice puntería, tenían los don y doñas de turno).

Sonaba la sirena y al patio, zona más relajada pero donde ahí el poder lo dictaban los jefes de la tribu, eran los gallitos los que ponían las normas (eso si no te birlaban el bocata). Primero los motes, segundo las frases despectivas porque eras diferente…  y, al menos, para el que escribe, la elección de los componentes para un equipo de fútbol era una tortura. Corrían los nombres y si eras gordito, bajito…tenías suerte si al menos te seleccionaban, aunque fuera de relleno.

Volvamos a los colores del siglo XXI. La enseñanza (que la educación corresponde a los progenitores) ha evolucionado al ritmo de la sociedad que tiene un reflejo en las aulas y los gallitos se mueven no solo a la hora del desayuno, sino que su territorio es cualquier parte del centro.

Algo está pasando si la conflictividad en el ámbito escolar ha crecido en un 69 por ciento en 2016 respecto al año anterior, así lo han comunicado los policías tutores. Con esto de las estadísticas siempre me asalta una duda. Se crece porque se ha perdido el miedo a las denuncias o porque hay más vigilancia o concienciación ante este problema. Supongo que será una mezcla de todo.

Lo que hay que aplaudir es el trabajo que están haciendo, eso sí con pocos efectivos, los policías tutores de Menorca. Es una figura que interviene ante un caso que puede derivar en daños psicológicos.

Sí, el que lleva gafas las seguirá llevando y al menos hábil le costará jugar a fútbol. Lo que está claro es que ahora los gallos es más fácil que vayan al corral.

La isla de los voluntarios

jueves, febrero 9th, 2017

Desconozco el número de asociaciones que se nutren de voluntarios para llegar a donde no arriban las administraciones públicas (por falta de ideas). La programación sociocultural se mueve en torno a esta gente anónima ya sea festivo o a la hora de emprender acciones de mantenimiento del legado que ha dejado su huella en la Isla. Y así tenemos un amplio abanico de ayuda a recuperar un camino o restaurar un molino. Se trabaja buscando el interés general, no por dinero, y la mayor recompensa es ver como su obra finaliza con éxito.

Como ejemplo nos detendremos en la Illa del Rei. Debía ser los años 90 cuando me encargaron un reportaje de este enclave del puerto de Maó. Recuerdo aquella expedición, acompañado por el incombustible Javier Coll, con una mezcla de sorpresa y peligro (en el embarcadero había un cartel que alertaba de posibles derrumbes). Entre las ruinas,  desperfectos, expolio y una descontrolada vegetación que apenas te dejaba avanzar… confirmaba el deterioro imparable. Después de que en 1964 dejara su función como hospital y que en 1973 el Ayuntamiento adquiriese la Isla siguió un capítulo de interrogantes en torno a qué hacemos con este islote y… no se hizo nada.

Pasaron tres décadas hasta que un grupo de entusiastas encabezados por Luis Alejandre crearon la Associació d’Amics de l’Illa de l’Hospital.

Han pasado 13 años y el trabajo del grupo de gente que cede altruistamente sus horas de asueto ha ido recuperando su antiguo esplendor. Visto lo visto, ahora el Ayuntamiento aprueba la concesión de la isla a la Fundación. Es un logro. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera aparecido estos activistas?

Los políticos se suelen guiar por planes, concursos, comisiones… Los ciudadanos cogen el toro por cuernos y actúan.

El retraso como norma

jueves, febrero 9th, 2017

El retraso forma parte de nuestras vidas y la lucha contra que algo llegue o suceda más tarde del tiempo debido o acordado es un fastidio, que a veces se transforma en indignación. En esta ocasión, no me refiero a la falta de puntualidad de las personas (dicho sea de paso, bastante frecuente) sino de la respuesta a una demanda a las empresas que prestan servicios o a las administraciones públicas. En ambos casos, el cliente que ya ha pagado tiene pocas salidas: reclamación, ir a los tribunales, resignación o desesperarse.

Esa carta o paquete que no llega a su destino, las demoras en el sector de transporte (sobre todo el aéreo), los colapsos en determinadas (demasiadas) especialidades médicas, una instancia remitida a un ayuntamiento u otras instituciones superiores, las reparaciones desde un electrodoméstico hasta un coche, y así podríamos seguir hasta aburrirnos o ponernos de los nervios.

Eso sí, a la inversa no se te ocurra alargarte en soltar la pasta.

En eso, están prohibidas (o casi) las demoras. Vivir en una isla tiene sus ventajas pero también sirve como excusa.

Sin embargo, hay aplazamientos que claman al cielo. Basta con leer la noticia publicada por este diario que nos informa de que el servicio de gestión de la dependencia acumula retrasos, en concreto 400 menorquines están pendientes de la resolución de su caso, y eso que todos tienen el derecho a recibir la prestación.

Vale, se sacan estadísticas que dicen que la primera fase del proceso (la del reconocimiento) se ha avanzado, pero lo verdaderamente importante es responder a las necesidades de estas personas.

La inversión en sanidad y en servicios sociales son dos pilares del estado de bienestar. No valen palabras sino hechos. Aquí no es de recibo la expresión tan usada: ja serà passat festes.