Con el agua al cuello

¿Cuántas veces nos encontramos con el agua al cuello? Si nos ceñimos al ámbito meteorológico ahora estamos inundados de lluvia y en alerta. En un plis plas el balance hidrológico se equilibra. Pero cada día, mes o año tiene su historia y ahora las estadísticas nos dicen que somos menos. Sí, que en esta isla de apenas 702 kilómetros cuadrados, caben más. Es curioso, en Singapur, en un territorio similar, viven más de cinco millones de personas y aquí nos vemos las caras unos 91.000 vecinos. Ni tanto ni tan poco. ¿Y es bueno o malo?

Personalmente creo que el despoblamiento de un lugar, en este caso Menorca, es una mala notica. Nos visitan y se van. ¿Quién se queda? Los nacidos aquí y que tienen el síndrome  que en sociología se denomina algo así como el hombre árbol, que planta sus raíces en una tierra y que decide no moverse. También están los que aterrizan y se enamoran de un paisaje y deciden que aquí van a pasar su vida (yo tengo conocidos de otra patria que eligieron el microcosmos y la multicularidad que se vive en Sant Lluís).

Pero a lo que vamos. En el tema de población estamos con el agua al cuello. A lo largo de la historia este terruño ha exportado más humanos que importado. Y ahora resulta que por cuestiones económicas, porque los jóvenes que vuelan y no tiene ya acomodo, por tantos motivos… ¿quién decide voluntariamente vivir en el finisterre del este?

Sí, nos guste o no, vivimos del turismo. Hola y adiós. Algo similar a los nuestros. Nacen, crecen y… hacen las maletas hacia otro destino.

Un suelo donde pierde más que gana, suena a fracaso. Ahora estamos estancados en las noventa mil almas y bajando. Otra vez con el agua al cuello como en otros tantos temas.

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