La arena que se lleva el tiempo

De la Menorca deseada históricamente, por ser cruce de caminos en el Mediterráneo occidental, a la Isla de la postal turística han pasado no pocas páginas de nuestro pasado añejo y reciente.

Ahora estamos, para bien o para mal (según el ojo que lo mire), en el mapa vacacional y en el punto de mira de los touroperadores.

Y nuestro principal potencial son, todavía, los 200 kilómetros y pico de costa que nos abrazan. Allí vamos y allí van los que nos visitan. Pero si todos (ellos y nosotros) nos dirigimos en la misma dirección en la llamada temporada alta lo que se produce es un colapso a la hora de ocupar un metro cuadrado de arena. Sin embargo, esta lucha por extender la toalla y plantar la sombrilla tiene un prólogo: llegar a la playa y, lo que es primordial, ¿dónde dejamos el vehículo?

Hay que reconocerlo, no tenemos una red de transporte público que responda a las necesidades de los residentes y, mucho menos, de los turistas. Todo queda a la suerte del alquiler o del autobús (de línea o contratado). Cala Macarella, Cala en Turqueta o Cala Mitjana son muy bonitas para disfrutarlas si tienes la suerte de poder llegar. Si esto ocurre, luego ya vendrá la el baile a la hora del asentamiento.

Y en estas estamos, sin avanzar por la pereza, ineptitud o el abismo de la burocracia. El Consell anuncia que retrasa la solución final para los parkings en las playas vírgenes a 2018. ¿Es mucho o poco? A mí me parece demasiado, no por el debate actual sino por la herencia (del debe/haber) de los gobiernos que han ocupado la sede de la Plaça de la Biosfera y antes la del Camí des Castell.

No hubo planificación ni prevención. Nada ante la que se avecinaba: turistas que quieren ir al mar. Es nuestro sino, ir a remolque.

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