Archive for septiembre, 2016

La arena que se lleva el tiempo

miércoles, septiembre 28th, 2016

De la Menorca deseada históricamente, por ser cruce de caminos en el Mediterráneo occidental, a la Isla de la postal turística han pasado no pocas páginas de nuestro pasado añejo y reciente.

Ahora estamos, para bien o para mal (según el ojo que lo mire), en el mapa vacacional y en el punto de mira de los touroperadores.

Y nuestro principal potencial son, todavía, los 200 kilómetros y pico de costa que nos abrazan. Allí vamos y allí van los que nos visitan. Pero si todos (ellos y nosotros) nos dirigimos en la misma dirección en la llamada temporada alta lo que se produce es un colapso a la hora de ocupar un metro cuadrado de arena. Sin embargo, esta lucha por extender la toalla y plantar la sombrilla tiene un prólogo: llegar a la playa y, lo que es primordial, ¿dónde dejamos el vehículo?

Hay que reconocerlo, no tenemos una red de transporte público que responda a las necesidades de los residentes y, mucho menos, de los turistas. Todo queda a la suerte del alquiler o del autobús (de línea o contratado). Cala Macarella, Cala en Turqueta o Cala Mitjana son muy bonitas para disfrutarlas si tienes la suerte de poder llegar. Si esto ocurre, luego ya vendrá la el baile a la hora del asentamiento.

Y en estas estamos, sin avanzar por la pereza, ineptitud o el abismo de la burocracia. El Consell anuncia que retrasa la solución final para los parkings en las playas vírgenes a 2018. ¿Es mucho o poco? A mí me parece demasiado, no por el debate actual sino por la herencia (del debe/haber) de los gobiernos que han ocupado la sede de la Plaça de la Biosfera y antes la del Camí des Castell.

No hubo planificación ni prevención. Nada ante la que se avecinaba: turistas que quieren ir al mar. Es nuestro sino, ir a remolque.

Debate de siesta general

miércoles, septiembre 21st, 2016

Hay cosas que en esta vida son absolutamente prescindibles. La lista es rápida de hacer al ritmo del tiempo que se tarda en tomar un café o una zarzaparrilla. Pero claro, los intereses y gustos cambian (no me refiero a las bebidas). Por ejemplo, hace ya muchas, demasiadas, lunas que yo era uno de tantos ibéricos que me indignaba si Francia no nos daba ningún voto en Eurovisión.

En estos momentos, perdería cualquier premio que preguntase quién ganó la última edición. Para mí es prescindible, no por nada pero es que con las neuronas que me quedan intento centrarme en otras cosas.

Burla burlando ya he consumido demasiado caracteres. Voy directo al grano. Se está celebrando el debate de política general de la Comunidad Autónoma de las Illes Balears, un acontecimiento, voy a ser sincero, que no me va a cambiar la vida. Ergo, para mí como ciudadano de a pie (no como periodista o periodisto) es absolutamente prescindible. Y lo digo con conocimiento de causa, porque a lo largo de mi carrera las grandes palabras que han sonado en la Sala de las Cariàtides no me han sobresaltado o emocionado. Lo siento, y lo digo desde el máximo respeto a los diputados y diputadas, pero el mismísimo Luis Carandell lo tendría difícil (o no).

Dicho resumidamente, y puede que mi opinión esté condicionada por mi profesión, esta maratón parlamentaria a la que asistimos es lo mismo, salvo excepciones (pongamos la lupa de Sherlock Holmes), que el bla bla bla de cada día de unos y otros. Esto pasa aquí, en Extremadura y en el Congreso.

El año en el que la sociedad se pare ante un debate de estas característica como ante el final de series como «Heidi» o «Lost», será histórico. Y como se me acaba el espacio, otro día hablaré del «instar a…». Otro clásico

Las mil caras de la reserva

jueves, septiembre 1st, 2016

Hombre y biosfera. Este es el binomio mágico de la Unesco, organismo que hace 23 años nos dio un bonito diploma a la Isla en el que se destacaba que el crecimiento del ser humano y del territorio eran compatibles. Así se entendió y, hace dos décadas, se apostó por encarrilar por la vía del desarrollo sostenible. Pero somos como somos y en no pocos aspectos hemos llegado a la orilla de la incompetencia. Y ahora hay nervios porque toca pasar el examen pertinente. La pregunta que flota en el ambiente es: ¿se han hecho los deberes? Sí pero no… no pero sí.

Desde aquel lejano 1993, se han ido realizando o desechando proyectos más por una ideología política concreta que por el enunciado de la Reserva de la Biosfera, cuya filosofía se ha utilizado como una goma elástica que se podía estirar hasta donde fuera conveniente, saltándose en más de una, dos… los márgenes del terreno de juego. Pero si cuela, cuela… y como no hay guardián, ¡ancha es Castilla! Este ha sido, nos guste o no, el devenir de las políticas municipales e insulares durante todo este tiempo.

El distintivo de Reserva ha sido y es guay. Es como un gran paraguas que resguarda a diestra y siniestra. O eso es lo que se creía hasta ahora.

¿Es Menorca la misma que hace veinte años? Más preguntas: ¿se ha crecido o decrecido siguiendo la partitura de la Unesco?, ¿se ha hecho bien o mal?, ¿qué ocultamos bajo la alfombra?…

Es la hora de pasar revista y no hay excusas que valgan. La imagen que proyectamos al exterior es de un paraíso donde perderse o encontrarse. Pero la  realidad es que el motor que debía arrancar temas como las energías renovables, la gestión de residuos, las infraestructuras amables, la vuelta al equilibrio socioeconómico… va al ralentí y de momento nos estamos desmarcando de la marca.

El que aguanta a los que esperan

jueves, septiembre 1st, 2016

A nadie, o casi nadie, le gusta esperar ante una ventanilla de una administración pública o de una empresa privada. Somos impacientes por naturaleza y nos molestan las líneas (o tickets) que marcan que hay que esperar un turno. Es una situación con la que tenemos que convivir a diario, pero la paciencia no es una virtud muy extendida.

Desde las colas del supermercado hasta las listas de espera de las consultas de la sanidad pública se extiende un abanico muy amplio. En una parte está el ciudadano que legítimamente reclama ser atendido cuando antes mejor. En la otra, un funcionario o un trabajador asalariado. Dos caras de la misma moneda.

El que espera desespera, y además tiene razón. Si alguien pensaba que con internet todo trámite se agilizaría… pues va a ser que no. Igualmente hay que aguardar a que nuestro ordenador tenga las aplicaciones actualizadas, a que no falle el sistema o a que el que esté al otro lado de matrix no nos entienda. Desatamos nuestra furia contra el sistema, pero es injusto – salvo excepciones – dirigir nuestra ira hacia la persona que nos atiende o desatiende, porque tal vez sus superiores no le ofrecen los recursos suficientes para responder a la clientela.

De las quejas de los usuarios ante una falta de atención se puede escribir una saga literaria, de los responsables que no responden, otra. Pero… sí hay un pero.

El pero del desespero es la persona que tiene que aguantar el chaparrón. El médico – y a partir de aquí no hay géneros-, la enfermera, la recepcionista, la cajera de un comercio, el telefonista que nos importuna a cualquier hora del día…

Todos tenemos nuestros derechos a reclamar, pero por un segundo no estaría de más ponerse en la piel del que tiene aguantar al que espera y se desespera.