Archive for Julio, 2016

Por mar y tierra

Miércoles, Julio 13th, 2016

Esta época del año, los meses de julio y agosto, es cuando Menorca se pone realmente a prueba a la hora de asumir las diversas oleadas de turistas. Y esta situación afecta a todos los ámbitos. Desde la primera impresión que recibe el visitante al descender del avión o el barco hasta la respuesta de las infraestructuras ante el considerable aumento de la población, pasando por el trato humano  o la calidad de los servicios y la oferta que se presenta.

A lo anterior hay que sumar la reacción ante los imprevistos. Si hace unos días fue el caos de Vueling, ahora es el vertido de aceite que ha obligado a cerrar hasta tres playas de Ciutadella. Dejando de lado, por el momento (a ver como acaba todo) si la respuesta para la limpieza ha sido más o menos rápida y si las explicaciones a los bañistas han sido las adecuadas, yo quiero poner el acento en el descontrol que existe en el tráfico de embarcaciones que campan a sus anchas cual domingueros.

Reconozco que esta situación es difícilmente controlable al cien por cien, más allá de la vigilancia sobre los balizamientos o el buen comportamiento en puertos o fondeos.

En el caso que nos ocupa, estamos ante una clara negligencia de los tripulantes de una embarcación, que además se escabulleron huyendo del problema causado.

Y lo peor es que este descontrol marítimo tiene su reflejo en las carreteras. A la densa circulación, y las claras deficiencias que presentan no pocos tramos de la red viaria, se unen – igual que en el mar – las imprudencias que a diario se pueden ver al volante o en otro tipo de vehículos.

Las administraciones tienen la obligación de poner en orden la alfombra roja, pero el buen uso de ella es exclusivamente una responsabilidad personal. Una buena dosis de civismo no vendría mal.

¿Y si nos vamos con los cetáceos?

Miércoles, Julio 6th, 2016

Puede que el avistamiento de un espectacular banco de cetáceos a escasas millas de Son Bou sea una especie de profecía.

En estos atribulados primeros días de julio tenemos demasiados frentes abiertos. A saber, la incógnita de cómo afectará realmente a nuestra economía el llamado «brexit». Siguiendo con los euros, ha vuelto a nuestras vidas, y a la de los turistas, el impuesto que grava las estancias en las Islas, algo que parece que se ha asumido entre la normalidad y la aceptación. Ya veremos.

Pero es que todavía hay más. Los colapsos en los accesos a las playas vírgenes se adelantan en el tiempo. En los días soleados, las calas rebosan de bañistas, embarcaciones, automóviles… Pero es que si caen cuatro gotas, el problema se traslada a las calles de las poblaciones y carreteras.

Pero aún falta la estrella invitada, aunque no deseada, de este verano: la compañía Vueling, que durante muchas jornadas no hace honor a su nombre y no emprende vuelo. Las bonitas imágenes de las protestas y de personas durmiendo en las aeropuertos son una excelente promoción. Pero esto es más serio de lo que parece, además de arruinar, entre otros muchos casos, unas vacaciones, están las dudas sobre si los afectados serán indemnizados y cuándo.

Y para no alargarme más, están las infracciones que visitantes y locales comenten año tras año y que afectan al patrimonio natural y cultural: montañas de piedra, baños de barro, robo de tortugas (¿quién pretende embarcar en el Aeropuerto con uno de estos animales?), pintadas, tirar basura por doquier, tanto en tierra como en el mar…

La verdad es que dan ganas de sumarse al tren de los cetáceos: no pagan ecotasa, ahora parece que van más rápidos que Vueling, son muchos -pero nadan organizados- y muy ecológicos. ¿Quién da más?