Archive for diciembre, 2014

Entre la protesta y el insulto

miércoles, diciembre 17th, 2014

Hace unos años me encontraba en un monumental atasco en el centro de Londres. Como la cosa iba para largo, el conductor del taxi en el que viajaba me dijo que lo mejor era que fuera a mi destino a pie. Lo que más me llamó la atención es que en medio del lío apenas sonaban los cláxones.

Pasados los años viví una situación similar en  Cagliari. En esta ocasión, el conduttore del autobús descendió del vehículo y se puso a discutir con un automovilista jaleado por buena parte de los pasajeros. Pasión latina, me dije.

La protesta, fruto de la indignación o enfado, es algo consustancial al ser humano. Lo que ocurre es que la forma de expresarse difiere según la cultura social o individual.

En estos tiempos en los que hay motivos más que suficientes para expresar el malestar o el descontento por la situación económica o social, cada individuo reacciona como le dicta su consciencia o inconsciencia.

De hecho, la protesta o la confrontación es un ejercicio saludable, siempre que se haga pacíficamente y manteniendo unos niveles de respeto que no deriven en actos violentos. De la misma manera, es condenable la represión desmesurada que se ejerce desde los estamentos que quieren acallar las voces discordantes.

El pasado lunes, y como ya es costumbre, miembros del colectivo SOS Menorca acudieron al pleno del Consell para expresar su oposición a las rotondas de la carretera general. Hasta ahí, todo correcto. De hecho, desde el GOB se instó a que la acción se realizara en silencio.

La nota discordante fue cuando algunos de los manifestantes empezaron a proferir insultos, algunos graves, a los consellers del PP. Ahí, es cuando la crítica pierde fuerza y razón.

Protestas sí, pero a mí me gustan más sin que suenen los cláxones de la sinrazón.

Se empieza tirando una piedra…

miércoles, diciembre 17th, 2014

Un grupo de chavales de entre 12 y 16 años se han dedicado a tirar piedras a los coches que circulaban desde el puente de Son Cladera, en Palma, a la autopista de Inca. Un peligroso entretenimiento que ha provocado recientemente lesiones a una mujer y no pocos sustos a numerosos conductores.

Este suceso, aunque alguien piense que nos pilla algo lejos, destapa un problema social que afecta a una parte de la juventud que está creciendo falta de referentes morales. Afortunadamente no es una actitud generalizada, pero son suficientes para replantearse que clase de ejemplo y valores estamos transmitiendo a las nuevas generaciones de ciudadanos.

Pongamos como ejemplo lo que ocurre en el deporte, especialmente
en el fútbol o baloncesto. Para los miles de niños y niñas es una escuela que fomenta hábitos saludables, el trabajo en equipo, el compañerismo o el espíritu de superación, todo ello en un ambiente de diversión.

Ahora pasemos a la cara más lamentable y que todos hemos presenciado en los campos de la Isla. No pocos padres se comportan como auténticos hooligans, profiriendo insultos y, consciente o inconscientemente, trasladando a sus hijos que lo único importante es ganar. Aunque tengas 11 años, y hay que hacerlo «por lo civil o por lo criminal», como dijo en su día Luis Aragonés (en mi opinión de forma desafortunada). Y así hay quien crece recto y otros que se van torciendo por el camino.

Que un adolescente suelte una pedrada a un coche, tire una silla por la ventana de un aula, insulte a un profesor o agreda a su novia es un fracaso colectivo. Personalmente, lo resumiría como un fallo en la educación con mayúsculas. Empezando por la que se da en el ámbito familiar.

 

Personas ocultas en números

viernes, diciembre 5th, 2014

Desde que nacemos nos convertimos en un número. Nuestro ser pasa a resumirse en una serie de dígitos para la sociedad en general y la Administración en particular.

Cuando cursaba la EGB ya me asignaron un número de alumno, el 14. Posteriormente, mi persona se fue asociando a las cifras del DNI y a las de la Seguridad Social. De la misma manera, pasé a ser el titular de una cuenta bancaria o tarjeta de crédito con unos guarismos que me identifican. Igualmente pasa cuando me asignan la matrícula del coche, un billete de avión, el expediente académico o el identificador que me reconoce como familia numerosa. Hasta en los juegos de azar nuestra suerte está asociada a una combinación numérica. Y así en la mayoría de ámbitos en los que nos movemos como ciudadanos.

Nuestros datos se cruzan en el ciberespacio y al final mi radiografía personal se resume en un ordenador que controla cada una de mis acciones y que pueden condicionar las decisiones que vaya a tomar en el futuro.

Toda esta información es la que sirve después para elaborar las estadísticas que inundan los análisis sobre temas tan diversos como el desempleo, las listas de espera en Sanidad, el índice de pobreza o riqueza o la pérdida de puntos del carné de conducir. Lo dicho, mi historial laboral, económico o personal se resume en un apunte de ordenador. No tengo rostro, sino historial.

En los últimos días hemos conocido, por ejemplo, los menorquines que esperan la prestación por dependencia, los que han hipotecado su casa con un prestamista o los que no tienen trabajo. Cada caso es un retrato abstracto que oculta el reverso de una vida que late con nombres y apellidos. Y en este limbo se quedan los que sufren, hasta que si tienen suerte un día dejan de ser un número.