¿Cuántas ‘menorcas’ hay?

Personalmente creo que a la pregunta que encabeza este comentario la respuesta es: Tantas como personas que residen en la Isla. Partiendo de esta premisa no es extraño que sea difícil consensuar determinadas actuaciones que tienen que ver con el presente y futuro de un territorio pequeño y frágil ante las propuestas de cambios que continuamente se realizan sobre el modelo que sustenta la base de nuestra economía. Y por descarte, ésto nos lleva al turismo y a las orillas de la oferta complementaria. Si un empresario emprende una aventura en otro tipo de sector relacionado con la industria, por ejemplo la fabricación de calzado, se va a un polígono y Santas Pascuas. Pero ¡ay! cuando hablamos de abrir puertas al campo y playa.

Poco antes de escribir estas líneas observé como un avión abandonaba nuesta Roqueta. No es aventurado pensar que en él viajaban turistas que ya habían concluido sus vacaciones. ¿Qué impresión se llevaban de nuestro producto?

Es curioso, pero tengo la impresión de que las mayores polémicas sobre lo que está bien o mal de la postal de la Reserva de la Biosfera se avivan en verano, quizás por la tensión añadida de lo que entra en la caja registradora.

Volviendo al principio, las opiniones sobre lo que hay que hacer o deshacer son encontradas. Es como aquella sentencia que reza: Si te cubres la cabeza, te destapas los pies. ¿Solución?

Citemos dos ejemplos recientes. Por una parte desde el Consell se quieren iluminar determinadas joyas arqueológicas y el GOB se apunta al Starlight. Otro caso: Se promociona el Camí de Cavalls y la presión humana puede perjudicar esta histórica senda.

Lo único claro es que hay una  unanimidad de lo que no queremos (léase Magaluf), pero no hay acuerdo en lo que deseamos. Y así llevamos…

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