Archive for marzo, 2014

Privilegios en un invierno económico

jueves, marzo 27th, 2014

El temporal que azota la Isla nos ha dejado helados. Pero bueno, las inclemencias meteorológicas se pueden combatir abrigándose o, en caso de ola de calor, buscando el fresco. Todo ello, siempre hablando de unas magnitudes en las que no se produzcan daños personales o materiales. Pero a pesar de que los termómetros han bajado, el ciudadano ha sufrido un calentón al conocer el número de funcionarios que cobran el «plus político». Es decir, que al volver a su puesto de trabajo se les compensa económicamente de forma vitalicia por su dura (voluntaria) travesía entre las moquetas del poder.

Ante el estupor de mucha gente que desconocía este privilegio, la  consellera de Administraciones Públicas, Núria Riera, apunta que el Govern quiere hacer un gesto de austeridad y aumentar la exigencia a cuatro años seguidos, el doble que ahora. Pobres, que pena… que dureza. Lo siento, pero no cuela.  Desde el Ejecutivo se dice que son 68 personas, el STEI eleva el número a 300 y en Menorca puede beneficiar a unas 30. Es igual, aunque solo fuera uno. Si esperaban aplausos, lo que han recibido es una oleada de críticas en la calle y en los comentarios de los diarios digitales. Y en mi humilde opinión, con toda la razón.

Todo ello, mientras José Ramón Bauzá soltaba desde la tribuna del Parlament el siguiente titular: «El Govern ha conseguido que no se colapse el sistema». Habría que precisar que con  efectos colaterales. Y de ahí la indignación ante este tipo de prebendas difícilmente entendibles en este invierno económico que golpea a la ciudadanía .

Además, ¿qué pasa con los políticos que proceden de la empresa privada o de profesiones liberales? Es que no són d’eixe món.

Igual que habría que recordar que «la primera igualdad es la equidad» (Víctor Hugo).

Una obra ante el Gran Hermano

jueves, marzo 20th, 2014

Ver, comentar, criticar… el desarrollo de unas obras tiene algo de fascinante y de entretenimiento. En el imaginario popular está la estampa de unos jubilados observando el ir y venir de los operarios, pero quien más, quien menos suele hacer un alto en su camino para ver los trabajos que se hacen en una calle o un edificio. Y claro, como para gustos hay colores cada uno opina, mientras los profesionales van a lo suyo.

El pasatiempo puede ser un simple arreglo de una acera, pero lo que mola son las grandes obras públicas. Ahí todo el mundo quiere meter la cuchara y remover el caldo. Vamos, que es una especie de deporte nacional, que sirve de desahogo y también como generador de polémicas. Centenares de personas, por decir una cifra, siguieron en directo y con interés la construcción del dique de Son Blanc o de la variante de Ferreries, por citar dos ejemplos.

Pero ahora tenemos el dragado del puerto de Maó. Tras la campaña liderada por el GOB y Oceana, con un gran respaldo ciudadano, para que las operaciones cumplan con todos los requisitos de seguridad medioambiental, se ha desplegado un dispositivo multimedia que puede ser el inicio de un nuevo Gran Hermano que permite contemplar y fiscalizar los proyectos de una forma cómoda. Y está bien que así sea.

Estos días, los movimientos de la draga son trending topic. Autoridad Portuaria tiene en su web un apartado para seguir on line el dragado, el GOB ha desplegado un equipo de voluntarios para grabar los movimientos de la máquina por si se detecta algo raro, en nuestro digital se puede ver las idas y venidas de la embarcación…

Vamos que los curiosos a los que no les apetezca bajar al muelle pueden seguir el proceso con un ordenador.

Cuando acabe todo, quizás podría editarse un documental y presentarlo a algún concurso. Igual gana un Premio Goya.

De esta agua no beberé

martes, marzo 18th, 2014

Imaginemos que una persona o familia contrata con una compañía el suministro eléctrico de su casa. Sin embargo, a la hora de pulsar el interruptor la luz es tan tenue como la de una vela y además el sistema falla y las bombillas se estropean. La queja ante la empresa estaría más que justificada ante tal despropósito.

Pasemos de la hipótesis a la realidad, pero cambiando de escenario. Los hogares de la Isla pagan por disponer del servicio de agua potable. Abres el grifo y sale agua. Sin duda, es uno de los avances, como en el caso de la electricidad, que es símbolo de sociedades modernas y que en su momento asombró a nuestos abuelos y está considerado como un «lujo» para determinados países del llamado Tercer Mundo. Pero en nuestra Isla lo del líquido elemento roza lo surrealista.

El ciudadano abona religiosamente la tasa municipal para tener agua potable, pero el resultado es parecido al ejemplo con el que se iniciaba este artículo. El agua es de baja calidad (con niveles de nitratos muy próximos a los máximos legales) y con una cantidad de cal que sufren los termos y los bolsillos de los contribuyentes, ya que hay que recurrir al fontanero (que lógicamente no trabaja gratis) para limpieza correspondiente .

Como ante este problema las administraciones no están ni, de momento, se les espera, la solución es ir a comprar agua embotellada, tanto para beber y, cada vez más, para cocinar. Consecuencia: apoquinamos dos veces y encima atentamos contra el medioambiente (aumento de residuos plásticos…).

A todo esto, el OBSAM propone como una de las soluciones un regreso al paso: construir aljibes. Y el futuro, la desaladora de Ciutadella permanece como una esfinge congelada en el tiempo.

Mientras se resuelve este problema, yo -y como otros muchos- de esta agua no beberé.

Si sirven, vale. Si no, viento

martes, marzo 11th, 2014

Estos días se habla sobre la utilidad del Consell de  Mallorca, sobre el adelgazamiento  del Parlament  y de si los ayuntamientos que  hay en las Islas son pocos o muchos.  Al decir que hay debate  debería precisar que estos temas  no son, precisamente, causa  de revuelo popular o el centro  de conversaciones en los bares  o los comercios, aunque es  verdad que pueden surgir en el  habitual desahogo de atizar a los  políticos al considerarles culpables  de todos los males del mundo  mundial. La tensión está instalada,  básicamente, en las personas  que se dedican a la res publica.  Es decir, los posibles afectados.

La primera piedra la tiró el pasado  fin de semana nuestro presidente  Bauzá al indicar que “si de mí dependiera reduciría, esta  misma tarde, el Consell deMallorca  a la mínima expresión”. En mi  opinión, y las de otros muchos,  tiene razón, pero a los ilustres  consellers y los partidos con representación  en la institución, incluido  el suyo, les dio un sacardiu.  Luego nos visitó el secretario de  Estado de Administraciones Públicas  para dar mimos. No habrá  integración ni desaparición de  consistorios en Menorca. En Sa  Roqueta hay ocho (si hubiese  triunfado lo de Fornells, nueve).  ¿Son muchos, los justos o pocos?  Ahí lo dejo. Avancemos hacia la  última estación: La iniciativa del  PP al abordar la reducción de diputados  y modificar el sistema retributivo.  Aquí, también hay lío y  nervios.

En este totum revolutum se  puede caer en el riesgo de perder  la perspectiva. A mi juicio, la pregunta  clave es si tal o cual organismo  hace falta y si su estructura es  la adecuada para dar respuesta a  los problemas de los ciudadanos.  Si realmente es necesario, pues  vale. Pero si no se justifica, viento.

De momento, se han eliminado  muchos entes y la Tierra gira  igual. Tal vez habría que seguir insistiendo  en la dieta a ver qué pasa,  porque lo que tenemos ahora, funcionar, no funcionamuy bien.

Una Diada entre el Carnaval

martes, marzo 4th, 2014

El domingo a mediodía el perfil de la costa de Mallorca lucía en la bahía de Ciutadella bajo un cielo azul y soleado. Parecía tan cercana… Mientras observaba esta estampa marinera me acordé de Eivissa y Formentera. Evidentemente, estaban fuera de mi alcance visual. De hecho, sentí el efecto contrario. Qué lejos quedan… Ya hace años, bastantes, que no he ido a las Pitiusas y no creo que sea una excepción entre los menorquines. En un territorio separado por el mar, y en el que cada isla suele ir a la suya, el famoso eslogan «Quatre Illes, un país, cap frontera» suena a quimera.

Estos días, con motivo de la Diada de Balears, redoblan los intentos de alumbrar un sentimiento de pertenencia a una realidad social común. Es tarea difícil cuando los recorridos históricos son distintos. Los sucesivos governs y consells se han empeñado, con más o menos entusiasmo, en convertir una celebración en lo que en la práctica es un motivo para hacer puente y este año además para disfrutar del Carnaval.

Normalmente cuando me preguntan por ejemplo en Madrid ¿de dónde es usted?, la respuesta es: de Menorca (es habitual que entiendan Mallorca). Raro es que diga Balears, sino es en ámbitos administrativos. Y no creo que sea un bicho raro (como orientación basta con consultar el resultado de la encuesta que sale en esta misma página).

Y si por la base falla esta unidad, por la alta política tampoco no se ha terminado de concluir la estructura administrativa (financiación o traspaso de competencias a los consells). Por no hablar de la doble insularidad, transporte…

Nos conocemos, la relación es buena… pero estamos tan cerca como lejos. La pregunta es cómo, y quién, puede hacernos una Comunidad real. Y si ésto es posible, claro.

Estoy borroso, desenfocado

martes, marzo 4th, 2014

Sí, últimamente me pasa como a Mel, personaje interpretado por Robin Williams en la magistral película «Desmontando a Harry» de Woody Allen. Una de las escenas más surrealistas se produce durante un rodaje en el que el actor, ante el estupor general, se desenfoca.

El director le manda a casa y como el efecto de estar borroso perdura, finalmente la solución médica es repartir unas gafas a cada miembro de la familia para que le vean bien.

Pero vamos al grano. ¿Por qué tengo la sensación de estar borroso ante el entorno que me envuelve? Pues porque no me siento cómodo. O yo no entiendo nada de lo que pasa o lo que ocurre pasa de mí. También se me podría acusar como a Harry Black (Allen) cuando, en la citada obra, su psiquiatra le suelta: «Usted espera que el mundo se adapte a su distorsión».

OTRA EXPLICACIÓN a mi caso es que me he sumergido es una etapa de escepticismo, eso sí con algún brote de indignación que, al final, me reafirma en la desconfianza/duda de la verdad o eficacia de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Pasan los días y a pesar del revuelo que nos presenta la actualidad cercana y lejana nada parece cambiar para bien. Estamos donde estábamos. O es lo que a mí me parece. ¿Estaré distorsionado? Quizás con un cambio de gafas…

Menos dar las gracias y más pedir perdón

martes, marzo 4th, 2014

Desde las esferas de poder se están lanzando continuamente mensajes en el sentido de que España saldrá pronto de la crisis gracias al esfuerzo realizado por los ciudadanos. Y no les falta razón, aunque habría que matizar que no todos los españoles han tenido que realizar el mismo sacrificio. Más que agradecimientos creo que alguien tendría que pedir perdón, ya que los efectos colaterales del crack no han sido pocos. Por ejemplo, la brecha entre ricos y pobres se ha agrandado, al tiempo que ha aumentado el número de personas que vive entre la penuria o la miseria. Ni Balears ni Menorca se salvan de esta trastienda de una sociedad que se mueve entre la indiferencia y, afortunadamente, la solidaridad.

Esta semana, la Fundación de Cajas de Ahorros ha desnudado la realidad de nuestras Islas. Mientras que en 2007 Balears era la comunidad con menor pobreza económica, en 2011 se situaba entre las cinco primeras, con una fuerte caída de la renta y el gasto familiar y un importante crecimiento de la desigualdad. Al mismo tiempo, Caritas Menorca ha puesto sobre la mesa el aumento de la población que no puede cubrir sus necesidades básicas. Uno de los tantos casos que nos han de hacer sonrojar es el número creciente de familias que no pueden pagar el recibo de la luz.

La pobreza toca a nuestra puerta y cada vez con más fuerza. Ahora que vienen las elecciones europeas se hablará mucho de economía. De lo bien o mal que se ha hecho en el presente o en el pasado. Este debate poco o nada interesa si no se traduce en algo que alivie los bolsillos de los ciudadanos.

Sí, hemos hecho un gran esfuerzo pero a costa de la clase media y castigando duramente a los colectivos más desfavorecidos.

Así que por favor, a mí no me den más las gracias. Pidan perdón.