Archive for febrero, 2014

Hemos perdido fuelle

viernes, febrero 14th, 2014

A veces, demasiadas,  parece como si a los menorquines el siglo XXI se nos hubiera puesto cuesta arriba. Ya hemos superado una década de la nueva centuria y milenio, sin embargo el ímpetu económico y social que durante décadas catapultó el desarrollo de la Isla, queramos o no, ha perdido fuelle. Y no nos equivoquemos. Lo fácil es echar la culpa a los políticos, pero todos tenemos nuestra parcela de responsabilidad.

Dos de las secciones más leídas de este periódico son «Menorquins al món» y «Trayectoria vital». Si las tomamos como referencia,  nos sirven para analizar el presente y el pasado de esta roqueta. Los personajes instalados en otros países son un reflejo de una fuga de talentos que, en su mayoría, no tiene intención de volver, al menos a corto plazo. Será porque aquí no ven como ganarse los garbanzos. Por su parte, los veteranos recuerdan esa fórmula mágica -ya desaparecida- del equilibrio entre la industria, agricultura y turismo, que era admirada por el resto del Archipiélago. Ahora nos encontramos a la cola, en una especie de desaceleración, haciendo la goma (en términos ciclísticos) respecto a nuestras islas hermanas.

Si buscamos un ejemplo se podría citar el puerto de Maó. ¿Quién puede presumir de una rada como ésta? Aunque quizás la pregunta más acertada sería: ¿Quién deja que se apague el brillo de esta maravilla natural? En los últimos días, este periódico ha informado de la perdida de actividad comercial y de restauración, así como del tráfico marítimo. Lo fácil es apuntar a la competencia del dique de Ciutadella. ¿No será que algo se está haciendo mal?

Personalmente, creo que ambos puertos son compatibles y con la posibilidad de aportar una oferta diferenciada. En definitiva, sobran dosis de localismo y falta la amplitud de miras de antaño.

Un examen continuo

viernes, febrero 14th, 2014

En un segundo pueden pasar muchas cosas. Y si no que se lo digan a Sergio Lull, quien con su mágica canasta se ha convertido en un héroe (aún más) para la parroquia blanca. No era la primera vez que el 23 del Real Madrid se la jugaba en trances similares, con errores incluidos. Pero el de Maó no es de los que se arrugan. «Se juega como se entrena», se suele decir en el mundo del deporte. Sin embargo, esta máxima puede aplicarse a cualquier ámbito social. La canasta no fue un churro, sino que detrás  hay muchas horas de esfuezo.

Como tantos madridistas, disfruté de ese instante mágico durante un kitkat en un fin de semana en el que mi casa se había convertido en una aula de preparación de exámenes escolares. En la famosa jugada, Llull también se examinaba y aprobó con Matrícula de Honor.

La vida nos pone a prueba cada día. En el trabajo, los estudios, la relación de pareja, la familia, los amigos… Nada, o casi nada, de lo que has hecho antes cuenta. Vivimos en un examen continuo. Tomamos decisiones, a veces meditadas o en un segundo con el riesgo que ello conlleva. Una palabra, un silencio, una acción… nos puede cambiar la vida.

El madridista declaró que «tiré convencido y sentí que iba dentro». ¿Y si no entra? En mi modesta opinión, no pasa nada. Vivimos tiempos en los que de vez en cuando tenemos que tirar a canasta en situaciones extremas y a veces fallamos. Al final somos humanos y como tales sometidos al error.

Se necesita urgente un ‘Don Limpio’

viernes, febrero 14th, 2014

Los residuos que contienen una bolsa de basura son como una radiografía de su dueño (o de una familia). Es como una caja fuerte desechable que contiene los secretos de un día. Eso lo saben bien gente como, por ejemplo, el teniente Horatio Caine de CSI Miami cuando investiga un suceso.

Hace años el personal tiraba la basura a mogollón. La bolsa  se dejaba en la calle y si te he visto no me acuerdo. Por otra parte, en barrancos o en el campo te podías encontrar fácilmente una lavadora o un televisor. Poco a poco la cosa se fue regulando y se extendió la cultura del reciclaje. Así, el paisaje urbano se fue poblando de contenedores de mil colores. Y todo converge en Milà, una zona que va acumulando montañas de residuos reciclados y en permanente expansión.

Sin entrar en el tema de si el vertedero está en la mejor ubicación, cabe decir que nada ni nadie es perfecto. De hecho, la cadena chirría partiendo de la base de que los ciudadanos no cumplimos con el baile «vidrio aquí papel allá…». Ahora resulta que s’operació ha anat bé però madona és morta. Vamos, que el compost es inservible por una mala separación de residuos. Un absurdo más en una Isla que es Reserva de la Biosfera y que quiere ser también Patrimonio de la Humanidad.

Últimamente acumulamos demasiados despropósitos. Una planta de compostaje que funciona a medias, una desalinizadora que está más triste que un torero al otro lado del telón de acero, depuradoras que no arrancan, un recinto ferial en Maó aburrido (dos ferias profesionales en 2013), un dique que no resiste los temporales como debiera… La lista es larga y la pregunta es ¿cuánto dinero se ha malgastado?

Volviendo al principio, los residuos, necesitamos urgentemente un Don Limpio que ponga orden para poder pasar la prueba del algodón.

La rutina que nos aferra a la vida

viernes, febrero 14th, 2014

Ala mayoría de los mortales la rutina nos da una seguridad para afrontar ese espacio de tiempo que llamamos día. Nos marcamos un guión y lo seguimos como un automatismo desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

De esta manera, construimos una muralla ante los imprevistos que nos depara el azar.

Cada vez hay menos personas que tienen esa defensa. Parados, jubilados o enfermos que ven cómo de repente les cambian la partitura. Primero aparece el desconcierto, que dura hasta que uno se acomoda a la nueva realidad. Eso sí, con la esperanza de recuperar cuanto antes la pauta que les traslade al mar que mecía suavemente su existencia.

Ese es nuestro objetivo. Echar el ancla en las rutinas que nos sujeten a una vida de la que no somos dueños.
Cada uno busca un salvavidas que le mantenga a flote desde que sale el sol hasta que la luna nos introduzca en un mundo onírico donde volamos solos.

Hoy a mí me han cambiado la agenda. Estoy, estamos, en el lugar donde no quería habitar. Todo porque una niña, que es un ángel, cambia de rutina. Pasarán unas horas hasta que volvamos a escuchar su clásico despertar con un quiero un Cola Cao. Será entonces cuando regresemos a la bendita cotidianidad que nos dé fuerzas para navegar.

Dos personas, dos lecciones

viernes, febrero 14th, 2014

De 1954 a 1984. Entre ambos guarismos hay 30 años de diferencia. Un suspiro o una vida, según se aplique la relatividad del tiempo.

Despliego estas cifras sobre el papel, que en realidad son unas fechas de  nacimiento, a cuento de dos personas entrevistadas por este diario. Una en la sección «Trayectoria vital» y la otra en la de «Menorquins al món».

La que corresponde al veterano tiene nombre y apellidos: José María Cardona Natta. Y la segunda, evidentemente también, Néstor Tejero Orfila. El primero trabaja en Maó y el segundo en Ámsterdam. Tres décadas de diferencia les separan, y seguramente muchas cosas también, pero escuchándoles hay puntos de coincidencia a la hora de cómo enfrentarse al mundo. Son dos perfiles diferentes y separados por un puente generacional, con todo lo que ello implica.

Sin embargo hay un hilo de continuidad en sus reflexiones. Cardona Natta apunta, refiriéndose a la crisis, que: «Las nuevas
generaciones deben asumir que no se les dará nada gratuitamente, deberán conquistarlo». Al mismo tiempo, apuesta por mantener
y/o recuperar unos valores como la solidaridad. En definitiva, una preferencia por el ser más que el tener. El ingeniero y profesor habla con la serenidad de la perspectiva que dan los años. El discurso de Néstor Tejero transmite entusiasmo. Y, en definitiva, es un ejemplo de quien sabe que nadie le va a regalar nada.  Tras los estudios ha tenido que buscarse la vida. Vive en un país que, como él mismo define, está evolucionando de un sistema socialdemócrata a un sálvese quien pueda.

Treinta años les separan. Pero con su testimonio nos recuerdan que ya nada es lo que era. Uno lo analiza después de curtirse en
mil batallas. El otro en pleno aprendizaje de quien tiene toda la vida por delante. Dos entrevistas, dos lecciones.

 

Solo nos quieren por el petróleo

viernes, febrero 14th, 2014

La relación de Madrid -léase Gobierno central- con los dos archipiélagos españoles es una historia de amor y desamor. En el primer caso, la belleza de las islas es un atractivo turístico de primer orden, lo que genera riqueza.

Además, tienen el valor de la pertenencia al Estado y están situadas
estratégicamente, uno en el Atlántico y otro en el Mediterráneo.

En el segundo caso, son un cierto fastidio. Me explico. Al estar disgregadas por el mar, ocuparse de las necesidades de
los pocos habitantes que residen en ellas resulta caro. Y como las
reivindicaciones no paran de llegar (por ejemplo los problemas
de las conexiones aéreas o la reclamación de un régimen económico
especial…), al final los insulares son como la aldea gala de Astérix:
los conflictos se suceden.

Aquí estamos insatisfechos con el trato que recibimos y desde la
meseta se insiste en que las cosas van mejorando y que no hay para
tanto.

Y en estas estamos cuando al Gobierno le brillan lo ojos porque
en el mar balear puede haber petróleo, por lo que, y sin encomendarse
a nadie, se programan cuatro proyectos para realizar prospecciones
sísmicas a la caza del oro negro. La reacción era de esperar:
los galos se rebelan en masa. Instituciones, partidos políticos,
entidades, ciudadanos… dicen un rotundo no. Tanto por el impacto
ambiental que suponen las pruebas como por la incógnita de
qué pasará si se encuentra el tesoro. ¿Nos convertiremos en unos
nuevos Emiratos Árabes? La primera consecuencia puede ser que
los turistas prefieran ver el sol que el crudo y se vayan por donde han
venido, mientras los residentes tengamos que buscarnos la vida
en una Reserva que puede dejar de serlo.

Por cierto, el 1 de enero de 1971, el «Menorca» publicaba un gran titular
en primera: «Petróleo en España». Si alguien quiere saber el final
de la historia, que se dé una vuelta por la costa de Tarragona.