Archive for Junio, 2013

Gracias Elsener

Jueves, Junio 20th, 2013

No soy lo que se dice un MacGyver. Las personas que me conocen pueden dar fe de ello. Dejando de lado el aspecto físico (aunque hay gustos para todo), la mayor diferencia entre el famoso protagonista de la serie televisiva de los 80 y mi persona humana es que él era un manitas y yo soy más bien un manazas. Vamos, que lo de “corto cable azul o rojo para evitar que estalle una bomba” no es lo mío. Pero sí que tenemos un punto en común: una entusiasta admiración por la navaja suiza. De hecho, está entre mis objetos fetiches (como las estilográficas, las radios antiguas o las máquinas de escribir). Tengo una que me regaló mi familia hace ya unos años y suele acompañarme principalmente cuando salgo de excursión. También, me ha sacado de algún que otro apuro a la hora de acometer una chapuza casera. Sin embargo, de vez en cuando la cojo y abro todos sus cachivaches simplemente por el placer de tener entre mis manos esta maravilla de la innovación. La última vez que la saqué del cajón fue el pasado día 5 tras leer en la prensa el obituario de su creador: el suizo Carl Elsener. Un hombre que hizo un imperio en torno a esta emblemática navaja de color rojo que simboliza “calidad y fiabilidad”. Su lema era que “todo aquello que está bien aún se puede mejorar” y siguiendo esta máxima fue labrándose el  éxito de la empresa familiar.

Cuando acabé de leer los artículos elogiosos sobre el helvético, volví a mirar mi cuchillo de boy scout y las neuronas que todavía me quedan me llevaron a realizar unas asociaciones de ideas que terminaron en una conclusión: en el convulso mundo en el que vivimos tenemos que ser como una navaja suiza, un ente multiusos. Vamos, un MacGyver preparado para lo que nos depare el destino. Gracias Elsener.

La herencia y la lona

Jueves, Junio 6th, 2013

En el mismo momento en el que una Administración Pública anuncia su intención de desprenderse de un edificio, todos los ayuntamientos -salvo excepciones- quieren convertirse en herederos. Y es que la ocasión se ve como una magnífica oportunidad para incrementar su patrimonio y ponerlo al servicio de la ciudadanía. Vamos, que los ojos de los alcaldes brillan como los de aquellos familiares que reciben por sorpresa la herencia de un tío de América que apenas conocían. Pero en el caso de los municipios la cosa no es tan sencilla como ir al notario y salir por la puerta con el legado soñado.

En primer lugar, normalmente, a la petición de cesión de un inmueble se responde con un “vale, pero no es gratis”. Es entonces cuando empiezan las arduas y largas negociaciones. Si la cosa acaba bien, aparece un segundo problema: ya lo tenemos y ahora qué hacemos con él. En los tiempos que corren las entidades locales no tienen un euro para una puesta a punto y ante la petición de subvenciones las instancias superiores suelen hacerse el sueco porque sus billeteras tampoco está para alegrías. ¿Y la iniciativa privada?. Es como la lotería. A veces aparece y otras no está ni se le espera.

El miedo escénico aparece cuando la herencia corre el riesgo de convertirse en una pesadilla: pasar del brillo presente o futuro a la categoría de mamotreto.

En estos momentos, Maó quiere el cuartel de la Explanada, en el que se ve un abanico de posibilidades de uso. La iniciativa es, en principio, positiva. Pero cuidado, acumulamos algunos tiros fallados que en vez de dar lustre a la población son borrones en el paisaje urbano: el antiguo hospital militar, el cuartel de Santiago, el “Verge del Toro” y hasta no hace mucho la Illa del Rei.

Repito: cuidado, no sea que la herencia acabe bajo una lona.