Un día sin perdón

Hace un par de días, una señora mayor me golpeó con un carro de la compra -mejor dicho casi me arrolla- e inmediatamente se disculpó un tanto agobiada.

Fue un pequeño incidente sin más consecuencias y que habitualmente se da en las grandes superficies, donde “circular” entre la multitud no es nada fácil. Luego, mientras esperaba mi turno en la caja, dos hombres que me precedían hablaban de la crisis. Fue entonces cuando intenté calcular cuántas veces había escuchado la palabra “crisis” desde que me había levantado de la cama. No lo conseguí: en la calle, la radio, y televisión, en el trabajo, en un banco…

Pagué la cuenta y mientras me dirigía al coche me sorprendí de que durante esa jornada -fuera del ámbito de la cotidianidad familiar- solamente había escuchado un “lo siento” de boca de la señora del hipermercado.

Entonces rebobiné la película de los noticieros y diarios que había estado consumiendo. En las declaraciones de todos aquellos que aparecían como presuntos o confesos culpables del desastre económico o supuestamente implicados o condenados por casos de corrupción no se hacía uso de ese vocablo. Eso sí, no se escatimaba en tópicos: Yo de eso no sé nada, mi actuación ha sido intachable, estoy tranquilo porque soy inocente, la culpa es de otro, dimito por el bien del partido… y hasta algún sollozo por la tristeza de verse en un trance “injusto”.

Yo me quedé con las ganas de oír un “perdón”. Quizás hoy tenga más suerte.

Leave a Reply