Bob Esponja y Caillou

Ambos son como de la familia en los hogares con niños pequeños. Los vemos en la televisión, en cuentos, revistas, muñecos, mochilas, gorras… Cada uno a su manera, la esponja que vive en Fondo de Bikini y el pequeño canadiense,   son hoy dos de las estrellas de las series infantiles. Y todos tan contentos hasta que un equipo de investigadores de la Universidad de Virginia (EEUU) ha asegurado que el bueno de Bob puede generar déficit de atención en menores de cuatro años. La conclusión se basa en que la serie de Calamardo, Patricio y compañía tiene un ritmo muy rápido y la contraponen con la lentitud de los episodios de Caillou. La productora se ha defendido poniendo en cuestión las pruebas realizadas, además de indicar que los dibujos están dirigidos a un público de entre 6 y 11 años. Y ahí ha quedado la cosa de momento. Personalmente, creo que el tema se soluciona -como en otros tantos casos- en el ámbito de la responsabilidad de los padres. Pero a mí toda esta polémica me ha sumergido en un mar de dudas. ¿Y qué pasa con toda la generación que crecimos con los personajes de Disney, los cuentos como “Caperucita Roja” o “Los tres cerditos” y las aventuras de “Lassie”? ¿Tendremos algún tipo de trauma? Que se pongan los científicos a trabajar, que a lo peor resulta que la crisis mundial actual es culpa de que Mickey Mouse y el Pato Donald se movían muy rápido.

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