¿Y ahora qué hacemos?

Ya tenemos armado un nuevo lío por la falta de previsión de nuestros gobernantes. Menorca tiene graves problemas de salinización en los acuíferos de Ciutadella, pero también en Maó, Sant Climent y Es Castell la calidad del agua deja bastante que desear. Esta situación se arrastraba desde hace años hasta que se encontró la solución: ¡Hay que construir una planta desalinizadora!. Y así se hizo, sorteando diversas y habituales polémicas medioambientales. Pasa el tiempo y empieza una historia que, por desgracia, se repite en tantas obras públicas: retrasos, imprevistos, algún que otro fallo, que ahora nos faltan cien metros de tubería… y así hasta que resulta que no tenemos tres millones para conectarla a los depósitos municipales de la ciudad de Ponent. Además, ¡sorpresa!, el precio sale muy caro para el consumidor. ¿Qué hacemos?. Tranquilos, nos dicen, tenemos el remedio: para que sea rentable y el coste asequible hay que suministrar a toda la Isla. Son solo, 20 millones más. Vale, gracias, pero no llevo suelto.

Y así estamos, con una infraestructura millonaria parada y con el agua salada corriendo por los grifos. Conclusión a día de hoy: “S’operació ha anat bé però madona és morta”.

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