El rey desnudo

Y  un niño gritó: ¡Pero si va desnudo!” Este es el momento crucial del cuento “El traje nuevo del emperador” escrito por Hans Christian Andersen y publicado en 1837, clásico que nos deja la siguiente moraleja: sólo porque todo el mundo crea que algo es verdad, no significa que lo sea.

Esta narración viene a cuento, y nunca mejor dicho, a raíz de las reflexiones que han realizado algunos de los perdedores de las elecciones del 22-M. La autocrítica a nivel local, salvo honrosas excepciones, ha brillado por su ausencia. Culpar a Madrid y a la crisis para justificar el fracaso periférico ha sido el asidero más recurrente. Pero llegar al extremo de reprochar al elector el cambio de voto -una opción que afortunadamente se puede dar en democracia- o enrocarse en no entender “cómo no nos han votado si habíamos hecho una gestión fantástica” es rizar el rizo.

Negar la evidencia ayuda poco o nada a rehacerse del naufragio. Lo más fácil es aplaudir un hermoso vestido aunque nadie lo vea. ¿Quiénes serán los niños que digan la verdad?

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