Diálogo en el ring

En la plaza nacional, los domingos suelen ser días de tapeo mitinero que rellenan unos informativos televisivos únicamente “salvados” del bostezo por la triste y convulsa realidad de los países orientales o la prosaica actualidad deportiva. Uno se va a Mérida, como por ejemplo Rubalcaba, y aprovecha para atizar al PP, eso sí, aclarando que a los socialistas “no nos interesa encharcar el campo”. Otro, Montoro, aprovecha desde Maó para soltar un ¡No hija, no! como advertencia al Gobierno sobre tal o cual cuestión. Lo más llamativo y curioso son las llamadas que se hacen mutuamente al diálogo y al consenso en el marco de estos actos trufados de autocomplacencia y aplauso fácil de la parroquia fiel. Si buscáramos un símil boxístico la escena podría ser algo así: dos púgiles dando saltitos cada uno en su esquina arropados por sus entrenadores, asistentes y fans. En un momento determinado se despojan del albornoz y empiezan a mirar al contrincante: Ven, ven, que nos vamos a saludar en buena lid. “Dialoguemos”, dice uno. “Sí, aquí te espero”, contesta el otro. Pero hablar en la lona es muy difícil o, como mínimo, no es el contexto más adecuado. Resultado: una más de “Rocky” Balboa.

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