El último de la fila

El escritor Antonio de Senillosa dijo en 1987 que los ciudadanos de Maó eran cuatro veces privilegiados: “Por ser del oeste, donde hay libertad; mediterráneos, que es un enorme lujo; vivir en la Isla de Menorca y dentro de ella en Maó”. Estas elogiosas palabras, que formaban parte de un celebrado y literario pregón de fiestas, son perfectamente aplicables al resto de las poblaciones de Sa Roqueta.

Senillosa tenía razón. Vivir aquí es un lujo, pero caro. Tanto por ser un territorio periférico como por tener la condición, en demasiadas ocasiones, de ser el último de la fila a la hora de conseguir mejoras que nos equiparen con la Península e incluso con nuestras islas hermanas. Ejemplos hay para todos los gustos, pero hoy la actualidad nos lleva a la llegada o no del gasoducto a Menorca. Los miembros de la Comisión Nacional de Energía se han reunido por estos pagos y consideran justo que nuestros hogares cuenten con las ventajas del gas natural. La opinión se sustenta además en que es un combustible más barato y limpio para la reserva de la biosfera. Gracias.

Los expertos pasarán ahora la pelota al Ministerio de Industria y ahí es donde empezará la batalla. Cuántos informes y comisiones serán necesarios, y cuándo habrá partida presupuestaria para “jubilar la bombona de butano”. ¿Alguien se atreve a poner una fecha?

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