Otras huellas sonoras

La contaminación acústica es uno de los males que acarrea la sociedad moderna. Aquí en Menorca la situación es mucho mejor si se compara con las grandes ciudades, pero precisamente los ruidos son más perceptibles en este entorno de tranquilidad que hemos heredado en la Reserva de la Biosfera. Por ejemplo, el tronar de los reactores es un derechazo a los tímpanos de los vecinos del Aeropuerto acostumbrados a la paz que se respira en las zonas escasamente pobladas.

Pero yo reivindico que la huella sonora que ha dibujado AENA para pacificar la zona (como se dice ahora en lenguaje chachi piruli) se aplique a otras realidades y decibelios que nos acompañan durante la jornada, y normalmente asociados a la mala educación. El catálogo es variado: berridos, motos alocadas, música o televisión que se comparte amigablemente con todo el vecindario… Pero también están las simpáticas obras que se alargan hasta el fin de los tiempos o la sinfonía variada para una noche de verano.

Como eslogan de convivencia propongo una frase de Beethoven: Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo.

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