De ranas y guisantes

Concentrados como estamos en nuestras cuitas diarias, la visión del mundo que tenemos suele reducirse bastante y nos pasan desapercibidas muchas cosas de las que ocurren en este planeta azul. Por ejemplo, en el reino animal. Y no me refiero al maravilloso mundo de las mascotas, sino a aspectos que bien pudieran ser un argumento peliculero abarcando todos los géneros, desde el terror a los dibujos animados.

En las últimas semanas -se nota que estamos en agosto y los titulares escasean- han ido apareciendo noticias para mí sorprendentes. Citaré unos cuantas: los animales pueden encoger con el calentamiento global (ésta sí que es una verdad incómoda); descubren una de las ranas más pequeñas del mundo en Borneo, ya que su tamaño es el de un guisante (¿y qué pasa?, que la dejen tranquila); vientos y corrientes hacen que las medusas se desplacen más rápido y que haya más concentraciones (esto sí que da un poco de yuyu; que envíen a Chuck Norris y problema resuelto); una esponja el animal fósil más antiguo del mundo (y Bob esponja el más divertido); y otra de ranas que indica que sustancias de la piel servirían de base a nuevos antibióticos (lo siento, todo por la ciencia).

Igual la mayoría se queda indiferente ante estas novedades, pero a mí me fascinan más que las primarias del PSOE.

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