El primo de Bob

Era una noche sin luna y los faros de mi coche iban dejando rastros de luz en la cuneta. Circulaba por una desierta carretera de Sant Lluís con globos de niebla que crecían en los campos todavía cercanos al asfalto. La visión duró sólo un instante, pero lo suficiente para darme cuenta de que una cara me miraba fijamente tras las ramas de unos árboles. ¡Quién o qué era aquello! En el dial de la radio, el añorado Juan Antonio Cebrián hablaba sobre las caras de Bélmez en su “Rosa de los vientos”. Pensé que me había sugestionado y no le di mayor importancia.

Pero al día siguiente, y ya con la luces del día, cuando pasé por el mismo lugar miré de reojo y allí estaba la cara. Justo al lado del hipódromo municipal, en una zona donde la maleza había cubierto casi por completo el mojón que separa los términos municipales de Maó y Sant Lluís. “Tengo que verla de cerca”. Y así lo hice un sábado por la mañana. Dejé mi Opel bien aparcado y tras andar unos metros me enfrenté al misterio. Era un dibujo, seguramente realizado con plantilla, de un color negro que resaltaba la intensidad del rostro. Pelo afro, barba… “esto tiene reminiscencias al imaginario de Bob Marley”. Caso resuelto: es un graffiti. Desde entonces, la cara me acompaña en mis idas y venidas entre Maó y Sant Lluís. Incluso le puse un nombre: el primo de Bob

Pasaron los años y empezaron las obras de ampliación de la carretera. Poco a poco, Bob empezó a hacerse más y más visible a medida que el gris cemento sustituía al verde salvaje. Otras personas empezaron a preguntarse quién era aquel personaje que como un tótem permanecía impasible al ajetreo de máquinas y camiones.

Aislado entre un bosque animado de chalecos amarillos, Bob me parece ahora un símbolo a la resistencia del llamado “progreso”. Hasta creo que ha palidecido al ver cómo su entorno se transformaba.

Tarde o temprano desaparecerá bajo una capa de pintura que dé lustre al proyecto de “pacificación” del tráfico de la carretera. Yo quería que su recuerdo permaneciera en este catálogo de crónicas inusitadas y para ello me han ayudado dos Gemmas. Una ha hecho la foto y la otra me ha desvelado quién era realmente Bob: mister James Marshall Hendrix, “Jimi” para los amigos.

2 Responses to “El primo de Bob”

  1. Juan dice:

    Que gaffitis así se salven de la apisonadora de los constructores de carreteras es asombroso. ¿Habremos de empezar a creer que los ingenieros tienen sentimientos como si fueran personas normales?
    Es curioso la cantidad de pequeños detalles que nos acompañan cada día y que forman parte de nuestro paisaje personal. Acaban siendo parte nuestra y lo sentimos cuando desaparecen, como el primo Bob.

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